¿Qué haces ahí parado?

¿Qué haces ahí parado?

Dibujemos un escenario. Domingo, 3 de la tarde y estás tumbado en el sofá, un poco amodorrado y viendo la televisión. Sale una noticia de una chica de 12 años que ha desarrollado desde el principio hasta el final su propio videojuego para móviles, sin tener ningún conocimiento de programación que venga de su educación escolar. Lo ha aprendido todo ella, por su cuenta y en su tiempo libre.257h

La noticia te sorprende ¿cómo alguien tan joven ha podido hacer algo así? ¿y el reconocimiento que merece el haber aprendido algo tan difícil como la programación por su cuenta? ¡Increíble! Ojalá yo fuera así. Ese pensamiento llega a tu mente y en vez de hacerte saltar del sillón, se diluye, desaparece y tú sigues tumbado en el sofá, cambiando de canal.

Pensemos durante un momento. En la actualidad, tenemos un acceso brutal a la información y al aprendizaje de las herramientas que siempre soñamos saber utilizar algún día. La educación está al alcance de la mano, libre y abierta, y lo que es mejor, creada y analizada por una comunidad global, que, de forma voluntaria, la revisa y perfecciona día a día. También, ya existe el acceso a las figuras e ideas más innovadoras del momento, así como la libre entrada a los recursos de las instituciones educativas más prestigiosas del mundo, como Harvard o el MIT.

355hSin embargo, nos quedamos en eso, ojalá yo supiera tocar la guitarra, hablar alemán, programar, ser buen fotógrafo, hacer eventos, inspirar… ojalá, ojalá, ojalá.

Hace años estas esperanzas podían ser explicadas por un nulo acceso a las herramientas o los recursos que te podían enseñar. Todo estaba reglado y, para aprender algo nuevo, el coste y la dificultad lo hacía casi inviable.

Hoy por hoy, ya no tienes excusa. Si no aprendes algo que te gustaría o no te formas para intentar ser mejor, no es sino tu elección, pues nadie te puede poner trabas si de verdad quieres hacerlo.

Planteémoslo de otra forma. Estás en tu etapa universitaria, tienes, excepto excepciones, entre 18 y 25 años, la flor de la vida, estás lleno de energía, lleno de ganas de hacer cosas nuevas. Este vídeo ilustra bien el sentimiento al que nos referimos.

La pregunta es ¿por qué no las haces?

Más del 70% de los estudiantes universitarios relata su etapa universitaria como “ir a clase, volver a casa y salir los fines de semana” Y ya está. No hay más. 284h

Aprovecha tu tiempo. Nunca serás tan libre como lo eres ahora mismo y pronto echarás de menos esta etapa con todas tus fuerzas. Invierte tu tiempo en ser la mejor versión de ti mismo. No te pares, no dejes de aprender y de relacionarte con gente que te proponga retos. Aprende, aprende y aprende. Explora, crea y prueba cosas que siempre habías querido probar.

Haz cosas que te hagan sentir orgulloso de ti mismo y den que hablar.

Sobre todo, sal de la universidad sabiendo que has dado el 100% y nos has dejado nada que probar, ni nada de lo que arrepentirte por haber sido demasiado perezoso o haber tenido demasiado miedo a probar o aprender. No creas que aquellos que dan que hablar no tuvieron miedo a no estar a la altura, simplemente se lanzaron a ello, porque la idea de no haberlo intentado era peor que la del temor a fallar.

Sí, sabemos que el sistema educativo que nos rodea no nos estimula a hacer cosas nuevas y no es el mejor, ni se asemeja al que desearíamos, pero debe ser esa misma razón, la adversidad, el reto, la que te fuerce a dar lo mejor de ti. A no rendirte.