La peor parte de la creatividad

La peor parte de la creatividad

Lunes, tres de la mañana. Estás tumbado, haciendo como que duermes en tu cama, cansado del primer día de la semana y deseando que llegue el momento en que tu cuerpo decida que ya es hora de dormir…  Pero no llega, porque en tu cabeza rondan miles de ideas que ni para una dirección ni para otra terminan de cobrar sentido. Unido a ello además está el miedo de perder las grandes revelaciones que te surjan y que no vuelvan más. Parece que pudieras solucionar tu vida y a veces incluso el mundo en ese preciso instante con cada una de las redes de asociaciones que se generan en tu cabeza. Lo tienes que dejar para mañana porque es tarde y tienes responsabilidades, pero sigues sin dormir, y sigues dando solución a problemas con ingeniosas afirmaciones internas que, probablemente no son tan buenas como piensas, pero en ese instante, son una genialidad… ¿Te suena? ¡Enhorabuena porque por desgracia, eres creativa/o!

Así funciona una pequeña mente creativa y la vuestra, ¿qué tal?

Hay personas que piensan que alguien creativo es solo aquel que sabe pintar cuadros o crear letras de canciones, pero el arte es inmenso. La creatividad no es únicamente crear obras artísticas, que también, la creatividad es crear en el amplio (pero que muy muy amplio) sentido de este concepto.

Ergo, ser creativo es la capacidad de asociar para crear. Me va a matar mi profesor de creatividad de la carrera como lea esto, porque he reducido su asignatura a menos de 10 palabras ¡Yo estudié! Pero no me parece que el resto de la definición sea relevante, y creo que en parte eso es porque los que la crearon eran creativos. ¡Efectivamente! Las personas creativas le damos demasiadas vueltas a las cosas, ¿Para alcanzar objetivos? Puede ser, pero sin necesitarlos. Porque si no tenemos objetivos, vosotros tranquilos que los creamos… somos únicos para quitarnos a nosotros mismos el sueño por la noche y es que nos encanta sentirnos creadores, y odiamos dejar cosas sin solucionar.

Graham Wallas fue el primer investigador en proponer un conjunto de etapas para generar la creatividad: Preparación, incubación, iluminación y verificación. Como toda categorización, no es más que una simplificación de la realidad para que los seres humanos le podamos dar sentido, y para que nos quedemos tranquilos ante la incertidumbre y la ignorancia… pero como la incertidumbre es la llama de la creatividad, hoy mi objetivo va a ser expresar con palabras cómo vive este proceso interno una persona creativa…

La preparación: Es cuando surge el problema, y lo queremos resolver… y nos informamos y planteamos cosas que nos ayude a ello….

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La creatividad es la capacidad de asociar para crear, por ejemplo, tortitas  para sorprender

He de decir que “preparación” me parece un nombre como mínimo arriesgado, sobre todo por la parte del concepto que implica “voluntad” … Hay muchas veces que en la vida cotidiana no estamos preparados para que nos lancen un nuevo problema, ni nos apetece, ni tenemos espacio temporal para ello. Pero nos llega.

Esto es un mensaje para las personas que acuden a sus amigos más creativos para pedir consejo: ¡Por favor, si les queréis, antes de lanzarles el “problema” para el que necesitáis una solución creativa, antes de informarles de todo lo que necesitaís para resolverlo, preguntadles!

Probablemente no te diga que no, si es un buen amigo lo hará igual, pero es importante preguntar, ¿Que por qué? Porque en el mismo instante, en el preciso segundo en que le lances el contexto de creación, su cabeza empezará a ir a mil revoluciones y a generar electricidad… y entonces ya no habrá marcha atrás, noche y día, de manera consciente e inconsciente… Estará atrapado. Te darás cuenta de que le has perdido cuando veas su mirada en el horizonte y aunque tu sigas hablando de otras muchas cosas, él seguirá anclado en el momento en el que le hablaste sobre lo que necesitabas crear…

La incubación: En ella se digieren los datos, se busca la solución de los problemas.

Efectivamente ¡Ahí se ha quedado pillado tu amigo!  Está digiriendo la información que tiene sobre lo que le has contado, puede ser que quieras cambiar tu mesa de sitio en la habitación, o que necesites una idea para un ensayo de clase ¡Da igual! Tu amigo/a estará dándole vueltas a cada una de las experiencias vividas en torno a problemas similares (y no tan similares) desde que nació hasta la actualidad y echando de menos un bolígrafo y un papel (en serio, en esos momentos, llevad un bolígrafo y un papel, luego veremos porqué).

“Un montón de pequeñas moléculas de información chispeantes de ideas y asociaciones con la realidad”

Si me pidieran que dibujara cómo me imagino mi cabeza en esos momentos sería algo cómo un montón de pequeñas moléculas, con forma de bolitas de información rebotando como locas, de un lugar a otro de la cabeza a mil km/h sin parar, incansables, uniéndose, separándose, transformándose, multiplicándose…

Iluminación: La tercera etapa, ¡Eureka!

Puf, qué momento ¿Verdad? Qué satisfacción, qué genialidad, qué maravilla… Volvamos al comienzo de todo, volvamos a esas horas de la madrugada del lunes, calentitos en nuestra cama, con nuestras bolitas de ideas rebotando en nuestro coco a toda velocidad con el fin de ayudar a nuestro amigo a decidir sobre el tema de su ensayo…

Ahí es cuando nos acordamos del momento en el que decidimos irnos a la cama, y entonces pensamos: ¡pero si yo tenía mogollón de sueño! Si no podía más, y ahora tengo lo ojos como el icono ruborizado del Whatsapp… ¿Porqué? ¡Porque se te había olvidado!

Sí, es verdad, hay un momento en el que tu cabeza parece que se relaja, se da un tiempo con la idea de tu amigo y te permite vivir (o en el peor de los casos prestar atención a otras ideas que tengas pendientes). Pero es una trampa… Nunca, jamás, hasta que no le des una solución aceptable al problema, se va a ir (aunque esta solución sea decirle a tu amigo que se dedique a cambiar la silla en vez del escritorio de lugar).

¡No desaparece de tu cabeza! Solo se esconde… hasta que te relajas en tu cama por la noche y a las tres de la mañana ahí estás… con tu bolígrafo y tu papel, desvelado y cabreado apuntando la solución genial que le vas a dar. En el caso de no lo apuntes ¡Estás loco! De verdad, no te la juegues así, o tendrás que volver a empezar el proceso de cero y, además, frustrado y desolado…

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El proceso interminable de la búsqueda de la solución perfecta, se llama verificación

Verificación: Comprobar que la idea que tuviste es la que soluciona el problema.

Esta es la parte más decisiva… Esto es decirle a tu amigo lo que se te ha ocurrido, si le gusta ¡A seguir con tu vida y tus mil y un problemas que resolver! Sino, ¡corre! es un consejo…

Pero en la mayoría de los casos, cuando el problema es nuestro y no ajeno, cuando estamos tumbados solucionando los temas del mundo y de la sociedad, y de nuestro trabajo, y de nuestra vida en general, y nos viene la iluminación y todo resplandece y nos sentimos genios creadores, la verificación es simple y sencillamente levantarse por la mañana y leer y pensar sobre lo que creaste ¡Tú mismo eres tu propio juez!

Y esa es la peor parte de la creatividad…

Que somos insaciables e inconformistas, que siempre queremos más y mejor, porque creamos nuestros propios objetivos, y nunca aparcamos una idea en el rincón de la mente, como mucho la dormimos para continuar enriqueciéndola y verificándola, una y otra vez. Esto se convierte en proceso interminable y agridulce del que tienes que acostumbrarte para un día darte cuenta de que estás enamorado de él. Que es complicado estudiar cuando tienes mejores cosas en las que pensar (al menos mejores para ti) … Y que, probablemente, tengas papeles por todas partes con cosas sin mucho sentido “por si las necesitas algún día”

Gracias creativos/as

Y la mejor

La satisfacción de amar aquello que creas.

Me despido con un mensaje para los creativos/as que me leen: Quereros mucho por lo que creáis, sea o no sea brillante al despertaros por la mañana, porque recordad siempre: es vuestra sed insaciable la que cada día renueva el mundo, una y otra vez.